Ain´t no grave: Johnny te TUMBA...
domingo, 27 de febrero de 2011
viernes, 25 de febrero de 2011
úlTIMO de Feb: Final DE ray-MUNDO. Los TRaidorES siguen...
La última entrega sobre Raymundo Gleyzer es devastadora, actual, idealista, triste y... ¿esperanzadora?. La visión de un artista revolucionario (porque la revolución está en la cultura misma, decìa Yoni despuès de cagarse a piñas con los troscuadrados que lo tildaban de "reformista") en épocas de persecución, miedo y traiciones es una de las cualidades más brillantes de este hombre; y digo "unas.." porque no es la que encabeza la lista. El Raymundo humano, familiar, buen tipo, gracioso y amistoso se lleva todos los laureles. Gleyzer tuvo unas pelotas y una cabeza más grandes que mucha de la izquierda argenta y con LOS TRAIDORES demostró lo que es realmente llevar un ideal y una causa justa de lucha. Acá va, en palabras de nuestro amigo Martín Gruttadauria, la tercera y última parte de esta semblanza-homenaje a uno de los más grandes artistas que dio Argentina para el mundo.
Pero antes, en otro escupitajo a la moral, el editor de esta nota Agite y el autor Gruttadauria, en una charla de café, tiran abajo un mito creado por y para revistas pos-modernas: Lars Von Triers y su cine "dogmático". Lo que hiciste vos, lo hizo Raymundo solito...
CHARLA DE CAFE CON EL EDITOR
Grutta: En Dinamarca todos joden con el gil de Lars Von Triers, lo tienen como el gran revolucionario del cine, y lo único que el tipo hizo fue robar ideas y ponerlas en reglas, y lo llamó "dogma".
Agite: -Y qué sé yo, a mi me gustaron algunas pelis, como La celebración, aunque no es de él se basa en el dogma y es interesante lo que propone. Además aunque no te guste puso al cine independiente en la mira.
Grutta: -¿Independiente? Del club independiente puede ser ese puto, bah ni eso... lo que propone no lo inventó sino que lo copió, para no irse muy lejos, el cine latinoamericano de hace 30 años atrás se hacia justamente de la forma que el supuestamente propone; el uso de la cámara en mano, el sonido directo, el uso de escenario naturales, bla, bla, bla; además es un burgués pedante que se cree que la tiene re clara.
Agite: -¡Ja! Con su caviar y sus vodkita, lo decís por las 5 obstrucciones...
Grutta: -Es un ladronazo, por ejemplo, mirá Raymundo, el loco hacia todas esas reglitas boludas del dogma, y además de eso ponía su vida en peligro cada vez que salía a filmar -dejaba la vida en cada película y no macana- y no solamente eso, sino que además la gente que después iba a ver sus películas, también arriesgaba su vida estando en esas proyecciones clandestinas... ¿vos cuanto pagarías para ver una del danesito? ¿arriesgarías la vida?, ya con eso no hay punto de comparación... eso es hacer cine independiente, y tener publico independiente.
Agite: -Bueno, poné eso en la nota que queda de Raymundo que me gusto la idea.
Grutta: -Pero, ¿Cómo carajo engancho a Lars Von Triers con Raymundo?
Agite: -No sé, ese no es mi problema, pero esto lo ponés, arreglátelas vos, y anda apurando con la notita, que tengo que mandala a Siete Pasos, ¡Mamón!
Por Martín Gruttadauria (Cineasta).


Durante varios meses Gleyzer y Álvaro Melián, (co-guionista) llevaron a cabo una exhaustiva investigación y entrevistas a obreros, sindicalistas, jefes de personal, gerentes, empresarios; y fueron determinando el argumento, las características principales de los personajes, y el vocabulario y léxico de estos. Cada línea del guión pertenecía o estaba relacionada a los sindicalistas más fuertes del momento (Lorenzo Miguel, Rucci, Vandor), o bien a alguno de los entrevistados. Hay en la película, una constante cita de lo que ocurria en la realidad (desde lo “sonoro”, y desde lo “visual”). Con respecto a la imagen lograda en la película, muy cercana a la estética documental, juega un papel fundamental el modo de producción: el hecho de no utilizar luces, de trabajar en los escenarios naturales de una Buenos Aires cotidiana, de pautar los textos y diálogos alentando a la improvisación, el trabajo con no profesionales, y también el uso de cámara en mano y sonido directo. Todos estos aspectos apuntaban a uno de los principales objetivos de Raymundo y su cine: no distanciar al espectador con formalismos. En este caso, buscando la identificación con el.
El film se rodó en 16mm, de forma totalmente clandestina y arriesgando la vida, entre junio y octubre del 72. Nadie sabía los lugares exactos de filmación, la producción se encargaba de buscar a los actores en lugares y horarios pactados, hacer cambios de coches y juntar a todo el equipo en la locacion. Nadie cobró nada, solo lo mínimo para algún transporte, y en el equipo cuando alguien no podía ir, otro tomaba su lugar. En ocasiones se rodaba durante todo el día, se dormía una 4 o 5 horas, y se seguía filmando. Bill Suman, su productor norteamericano, recuerda que el equipo gastaba muy poco dinero y que trabajaba muchísimo: “tanto como nadie que yo recuerde en mi vida”, y con esta película, demostraron que todo es posible, se descubría que se podía filmar si se tenia determinación (y huevos... no olvidemos la época).
La madre de Raymundo (que aparece en un par de escenas), obviamente temía por la vida de su hijo, y le advirtió de los peligros que tenia decir la verdad en esa época. La respuesta de Raymundo fue:”mira mama, yo se de `los traidores, que clase de persona seria sino lo digo? yo quiero decir la verdad. Todo lo que yo se y pienso lo voy a decir con el cine”. Raymundo, no se desvió del camino.

Entonces, Gleyzer entregaba unas valijas con la latas a los pilotos, con quienes había entablado una relación de camaradería, algo típico en el; estos no sabia que había en la valija pero cada dos o tres días, llevaban el material a Bill. Este recibía el material y enviaba una nueva valija vacía para el siguiente material. Revelaba la entrega, la chequeaba y comunicaba a Raymundo si todo estaba bien. Con condiciones de producción mínimas y muy pocos medios técnicos, Raymundo Gleyzer junto a su equipo, se metían en las casas de gente común, Los decorados eran sus casas y sus lugares de trabajo, y junto a ellos daban vida a la película. El mismo “seleccionaba rostros” de gente que el equipo buscaba en villas y fabricas, y la actuación quedaba en manos de “actores profesionales”, y los actores reales, los de la vida. Se rodaron unas 80 escenas diferentes, inventando excusas para burlar a la represión, que eran de un programa de TV, un comercial, un cortometraje, lo que fuera. Al trabajar en estas condiciones, los actores no solo se involucraban en lo “meramente artístico”, sino que había una conexión en el sentido ideológico, político y de lucha que se respiraba en todos lados.
Otro factor a destacar de esta producción, es el uso del humor. Ken Loach (el realizador ingles) insiste en que “el humor es fundamental para lograr un retrato social que se pretenda auténtico”. Ya en aquella época Raymundo había sentenciado: "Yo creo que es una gran carencia del cine latinoamericano, del cine político latinoamericano, la falta de humor. (...) El cine latinoamericano todavía está por descubrir el humor, y es un campo muy grande para desarrollar".
El humor, en dosis de sátiras mordaces, dadas por referencias humorísticas cotidianas de aquellos años, facilitaba la participación del espectador involucrándolo directamente.
Raymundo tenia una constante en su cine, la contrainformación, su obra era un vehículo que canalizaba toda esa verdad que “la versión oficial” omite, niega y oculta. Su obra era “la voz de los sin voz”, y su fin era el cambio hecho en praxis, por eso su cine no podía desligarse del debate. Era necesario el debate con el pueblo. Y como el pueblo no iba al cine, entonces Raymundo decidió llevar el cine al pueblo. Así, en 1973 crea el grupo “Cine de la Base”. El cine debía llegar a sus protagonistas, los obreros, los campesinos, los desposeídos de la tierra, los oprimidos...
Por aquel entonces el cine instalaba el mismo tipo de “censura disimulada” que instaura en la actualidad: el problema de la distribución-exhibición.
No alcanza con filmar una película, porque después no se la podes mostrar a nadie. Raymundo, que ya había sufrido la censura con “México, la revolución congelada”, determina la necesidad de grupo de distribución-exhibición. La función de Cine de la Base era distribuir los materiales que se producían, principalmente “Los traidores”. Raymundo no tenia acceso al cine comercial, y si se quiere tampoco le interesaba, ya que el quería que el cine fuera a la base, al pueblo, y la base no iba al cine. Raymundo quería que la película se viera en las villas, en los sindicatos, que la vieran los sectores populares, y también en universidades y facultades (hay testimonios que hablan de proyecciones para mas de mil personas!!!).
Cine de base comienza a operar y proyectar en cualquier lugar y fuera de Buenos Aires también: La Plata, Córdoba, Rosario, Tucumán, Bahía Blanca, Trelew, Corrientes y Resistencia... se organizaban proyecciones para el debate; se programaban principalmente "Los Traidores" junto a "Informes y testimonios", y "Operación Masacre" de Cedrón basada en la novela de Rodolfo Walsh. Al terminar la película, se daba lugar el debate –sin bajar ningún tipo de línea-, y entonces se podía apreciar en acción el poder de “Los Traidores”, la gente se identificaba e identificaba a los personajes, y tenían lugar discusiones políticas “inteligentes” y realmente valiosas, porque ya no se trataba de peronistas y anti-peronistas, sino de plantear nuevos caminos. La gente capitalizaba la acción. Raymundo y Cine de base se convertían en mediadores que hablaban a través del cine
En la actualidad, luego de ver la película uno comprende que las estructuras del sindicalismo corrupto de ayer, hoy siguen intactas. Y que Los Traidores de ayer, son los mismos que los de hoy. Al ir terminando la nota, me pregunto (y me siento tan cobarde, ¡Es que me faltan tantos huevos!) ¿Habrá que matarlos?.
Cine de base se iba expandiendo más y más. La idea era crear una red que llegara a todo el interior del país, y que funcionara también como una distribuidora. Pero las cosas se pusieron cada vez mas jodidas en el país, el compromiso de Raymundo se hacia cada vez mas grande. Tenía la intención de formar una cadena de “cines” dentro de las villas, solo con lo necesario: proyector, un techo y bancos. Nunca llegó a concretarlo. Hacia 1975 la Argentina el funcionamiento de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina - organización terrorista de extrema derecha) estaba a pleno. Raymundo es un blanco móvil, él era Cine de Base, era un verdadero símbolo del grupo. En 1976 viaja a New York por trabajo, la filmación se demora y Raymundo vuelve la Argentina. El 27 de mayo iba a encontrarse con un amigo, pero nunca llego... Raymundo había sido secuestrado. habían allanado tras romper la puerta y en su interior estaba todo roto y revuelto. Raymundo Gleyzer nunca más volvió a aparecer. Fue secuestrado en la puerta del Sindicato Cinematográfico Argentino (SICA) y permanece desaparecido hasta hoy. Se cree que Raymundo estuvo en el centro de detención clandestina El Vesubio y también en el destacamento Güemes, cerca del barrio de Ezeiza. Detenidos que lograron sobrevivir al horror de la tortura y la represión han relatado que los militares torturaron salvajemente a Raymundo, y que en sesiones de tortura le habrían cortado los ligamentos de los pies y habría quedado ciego.
Quienes conocieron a Raymundo, el padre, el amigo,el amante, el “cineasta independiente” apasionado, el revolucionario, el intelectual; al Raymundo lleno de contradicciones, miedos, angustias, alegrías y mucho amor por el cine, hablan de un hombre de esos que pocas veces regala nuestra especie. Sus amigos y colegas cuentan que había mucho cariño en lo personal y mucha pelea a la hora de filmar. Es lo que pasa con los hombres apasionados, Raymundo era difícil, podía ser irónico, jodido, y hasta hiriente. Pero dicen que reconocía sus errores, y que los arreglaba con una ginebra. Cuando hacia algo mal, hacia una visita y regalaba una botella de ginebra... esa era su forma de pedir perdón (¿hay otra mejor?)
Raymundo supo hacer cine político sin caer en el “panfletismo”. El cine no era un simple marco de consignas, su cine era CINE, y su verdad era LUCHA. Raymundo se fue y difícilmente alguien pueda reemplazarlo; y hay que reconocer que a quien conozca su obra y sepa o adivine algo de su vida, difícilmente no se le escape un lagrimón...
Raymundo Gleyzer: ARTISTA, REVOLUCIONARIO, Y APASIONADO CINEASTA INDEPENDIENTE. PRESENTE!!
lunes, 21 de febrero de 2011
6º dE FEBrero; En la LUZ: Poder, Misterio y SOMBRAs.
En un movimiento tan audaz como veloz, cual "Pájaro" Caniggia en la copa América del ´91, Siete Pasos al Paradalso se metió de prepo en el baúl oscuro de nuestro amigo Rodrigo "monje negro" Cura y entre fotos añejas, escritos esotéricos, cartas de mujeres despechadas, botellas vacías y libros antiguos de filosofía, dimos con el manuscrito "EN LA LUZ: PODER, MISTERIO Y SOMBRAS", libro de su autoría, próximo a salir, sobre LED ZEPPELIN.
Escondiendo el hallazgo debajo del sombrero, nos retiramos de su morada y sin consultar con la moral, publicamos aquí un capítulo de semejante obra.
Gracias Monje por hacerte el gil y disimular la caída de la llave de tu baúl frente a nosotros cuando fuiste a servirte otro trago de jerez!!...
Surgimiento (1968/1969)

Sin embargo, y ya desde antes de la separación del grupo, tanto Page como Grant habían empezado a delinear ideas para otro proyecto, un proyecto mucho más ambicioso: el de una banda adecuada para la recién llegada era del underground y las influyentes emisoras de FM norteamericanas. Las radios ya estaban emitiendo constantemente discos completos de grupos nuevos y era allá donde podían encontrar la fama, el prestigio y el dinero. Page no sólo quería cumplir con los compromisos, había estado desarrollando varias ideas para crear una música nueva y original. Una música de poderío instrumental y vocal, eléctrica y pesada pero combinada con partes suaves y secciones acústicas. Fuerza y delicadeza, dinámica, luces y sombras. Page consideraba que debía existir un punto de equilibrio entre esos dos mundos. La herencia del blues debía transformarse en efectistas y catárticos ‘tour de force’ cargados de pura emoción, con extensas improvisaciones y la voz líder vibrando en simpatía con la guitarra. Para lograr los climas de contraste, Jimmy pensaba combinar ello con el folk británico, del estilo de Pentangle (del escocés Bert Jansch, su mayor influencia en guitarra acústica), y con el espíritu experimental y psicodélico de la costa oeste norteamericana: largos y voladísimos pasajes instrumentales, búsqueda de sonidos/texturas exóticos... Muchas de las ideas habían sido experimentadas con éxito por bandas como Cream, Jimi Hendrix Experience, Traffic, y el grupo de su amigo, Jeff Beck Group. Pero consiguiendo los músicos necesarios, pensaba Jimmy, podía expandir la fórmula y llevarla a nuevos terrenos. Así se lo hizo saber a su gigantesco y férreo manager, Peter Grant, quien tenía mucha confianza en Page y enseguida puso manos a la obra.
Page y Grant también eran conscientes de que tocar “música pesada” era hacer dinero fuerte en Norteamérica. Esa música era adorada en Estados Unidos. El grupo que más vendía era Iron Butterfly: su álbum In-A-Gadda-Da-Vida, basado en el blues, les aseguraba largas temporadas en las listas de éxitos. Otra banda destacada del momento que también basaba su música en el blues, pero combinándola con pasajes menos recargados, eran Vanilla Fudge. El suceso que el grupo de Jeff Beck estaba cosechando en sus conciertos del Fillmore East ese 1968 les dió luz verde a Page y Grant para llevar adelante su proyecto. Por su lado, G (quien estaba casado y con un hijo y una niña en camino), aspiraba a algo más ambicioso que el mero hecho de hacer dinero, y no quería tener que volver a trabajar con los rentables pero volátiles proyectos del mercenario productor Mickie Most.
Un día del verano londinense de 1968, en pleno agosto, los cuatro músicos se reunían por primera vez para ensayar; el lugar: el pequeño sótano de una disquería de la calle Gerrard Street, donde hoy es el Chinatown (Barrio Chino) de la ciudad. Bonzo estaba en las nubes, no podía creer estar en la banda de una estrella tan sofisticada como Jimmy Page. Robert se imaginaba que John Paul Jones, descrito por Page como “un veterano de los estudios” sería “un señor mayor con sobretodo y pipa”. Así rememoraba el bajista como fue el primer ensayo de Led Zeppelin: “La primera vez nos encontramos en esa pequeña habitación para ver si podíamos soportarnos mutuamente (…) Estaba lleno de equipos Marshall que cubrían la pared, todos viejos y malísimos, y un hueco para la puerta. Así que Jimmy dijo: “Bueno, acá estamos: ¿Qué vamos a tocar?”, y yo dije: “No se, ¿vos que sabés?, y Jimmy dijo: “¿Sabés un tema que se llama The Train Kept A Rollin’?”, yo dije “No”, y él dijo: “Es fácil, simplemente sol y la”. Contó cuatro y la habitación explotó (…) Empezamos a sonreírnos como idiotas: “Yeah man, eso es. ¡Esto sí que va a funcionar!...”
Ya desde esos primeros momentos tocando juntos sintieron la química y la potencia brotando como un torrente de energía incontenible. “Fue totalmente obvio desde el primer tema que la cosa iba a funcionar”, continúa Jones, “y llegó a funcionar infinitamente mejor de lo que nadie pudiera haber imaginado”. Después de años de tránsito por los intrincados caminos de la música era la primera vez donde cada uno de ellos se codeaba con verdaderos pares musicales. “Nunca había estado tan excitado en mi vida…”, diría Plant rememorando aquel primer encuentro. “Aunque todos veníamos del blues y del rythm & blues, en esa primera hora y media de ensayo encontramos nuestra propia identidad. Descubrimos algo con lo que teníamos que ser muy cuidadosos o de lo contrario podíamos perderlo”. Los cuatro miembros de Zeppelin siempre usaron el mismo término para describir aquel encuentro: magia.
Todo fue más relajado una vez aterrizados en el calor subtropical de Los Angeles. Plant rondaba por Sunset Strip sin remera asombrado que los lugareños lo encontraran normal. En el célebre nightclub Whisky A-Go-Go los Zeppelin hicieron temblar West Hollywood las tres noches (2, 4 y 5 de enero), con John Paul cumpliendo 23 años el viernes 3. Alice Cooper formaba parte del cartel, y Page declaró: “Si pensás en un show como el de Alice Cooper, nuestro cantante Robert Plant hace el show y eso ya es suficiente. Nosotros no necesitamos fantasías. Nuestra música es más que suficiente.”
Por el Whisky y alrededores revoloteaban unas doncellas de aire despreocupado, pestañas con rímel, vestidos coloridos y bustos llamativos. Se hacían llamar G.T.O. (Girls Toghether Outrageously), una corte de groupies con banda de rock propia, apadrinadas por Frank Zappa. Jimmy Page tocó con fiebre y a causa de ello Zeppelin tuvieron que quitar el segundo set (algunas fechas tocaban dos sets por noche)... Miss Pamela, la rubia belleza de las G.T.O., observó horrorizada como aquel encantador guitarrista, completamente acabado, tuvo que ser bajado del escenario y llevado en andas una vez finalizado el show; lo había dado todo y un plomo se volvió para recuperar sus zapatos.

Los primeros shows de Led Zeppelin empezaban con la banda haciendo explotar The Train Kept A Rollin’, y enlazado con el I Can´t Quit You Babe. Hacia la mitad incluían un detonante ‘medley’ de temas ajenos empezando con una adaptación muy pesada de As Long As I Have You, un número de soul que Janis Joplin hacía y que se enlazaba imprevistamente con Fresh Garbage de Spirit y el Shake de Sam Cooke. En la introducción de How Many More Times Plant presentaba al grupo; cuando le llegaba su turno sólo decía “y yo soy el cantante”, y entonces alguien del público en San Francisco le gritó: “¿pero quien sos? ”
La excelente respuesta que recibían del público alcanzó niveles de locura absoluta cuando tocaron en el Boston Tea Party el domingo 26, una antigua sinagoga reconvertida en sala de conciertos. Boston era una ciudad de estudiantes, y Peter Grant lo consideraba un concierto clave. Fue allí donde público y banda experimentaron un anticipo de lo que vendría después; en la noche final de una seguidilla de cuatro shows (el último fue añadido en el momento), lo que normalmente debería haber sido un set de hora y media se transformó en cuatro horas de verdadera orgía rockera. Jimmy parecía inmerso en un éxtasis etéreo: sus solos incendiaban la Telecaster a escasos metros de la gente mientras levantaba una pierna como si fuese a saltar sobre ellos; le daba codazos a Jones para que se fijara en las filas de chicos que movían sus cabezas al unísono, y Bonzo estaba tan entusiasmado que usó doble bombo. Cuando el repertorio terminó (incluso repitiendo números) los más de 400 espectadores aún pedían más. No querían dejarlos ir; entonces los Zeppelin empezaron a recurrir a todo lo que se sabían: canciones de Elvis, Chuck Berry, Beatles, Stones, Who, Everly Brothers… todas en versiones inyectadas con esteroides. “Fue el concierto más largo que jamás hayamos hecho”, recordaría Jones. “Tocamos cuatro horas y media (…) Hicimos cuatro noches allí, y todo alcanzó el climax en la última, que ya para entonces era toda una fiesta porque conocías a la gente. ¡Era la misma gente cada noche! Recuerdo que todos sabían que iba a salir realmente bien. Hicimos dos sets, y también actuamos por todos los otros, creo. Si alguno de nosotros sabía más de cuatro compases de una melodía, nos lanzábamos de cabeza en ella… fue la mejor noche. Fue allí donde nos dimos cuenta que lo habíamos logrado, y al final Peter Grant nos abrazó a los cuatro juntos y nos levantó por el aire. Estaba absolutamente extasiado y gritaba de alegría. Fue algo brillante”.
La parte final de la gira continuaba con dos fechas en el Fillmore East de New York, el viernes 31 de enero y el sábado 1 de febrero. Led Zeppelin debían abrir por segunda vez para los Iron Butterfly (lo habían hecho en la Gonzaga University de Spokane el 30 de diciembre). Originalmente, estaba programado que Zeppelin saldría primero seguidos por los británicos The Move, que tenían un single número uno en el Reino, Blackberry Way, pero tras la repentina salida del bajista el grupo suspendió la gira, y para reemplazarlos el promotor Bill Graham había conseguido al grupo de gospel Porter´s Popular Preachers. Grant convenció a Graham para que su grupo actuase inmediatamente antes que Iron Butterfly. Era una idea sagaz: quería que las dos bandas se vieran cara-a-cara. Pero no todos estaban de acuerdo con esa movida, especialmente los propios miembros de Butterfly; el tecladista Doug Ingle y el guitarrista Erik Braun amagaron con no subirse al escenario si Zeppelin tocaba antes. Las historias del colosal show de Boston habían llegado hasta sus oídos y no querían que Zeppelin los pasaran por encima; algunos ejecutivos de Atlantic tampoco estaban de acuerdo con Grant, pero, como ya empezaba a ser costumbre, Zeppelin terminaron haciéndolo a su manera, y, literalmente, demolieron el Fillmore las dos noches. En el segundo show insertaron desvergonzadamente Dazed and Confused dentro de How Many More Times; Bonham terminó uno de los shows saltando desde su batería a lo Keith Moon. Después de una actuación de más de 90 minutos y varios bises los aterrados Butterfly se negaron a salir. Bill Graham tuvo que presionarlos, pero cuando decidieron salir la gente les reclamó a gritos: “¡Zeppelin!... ¡Zeppelin!... ¡Zeppelin!”. En medio del solo de batería de Ron Bushy en In-A-Gadda-Da-Vida, el himno del grupo, Bonham irrumpió en el escenario provocando las risas del público (no así la de músicos y ejecutivos). Atlantic había programado una fiesta de presentación para Ball, el flamante segundo álbum del grupo, pero Led Zeppelin, literalmente, se la aguó.
De vuelta en el Fillmore West, fue tan agresiva la base Jones-Bonham que los monitores de Jones se quemaron en medio de uno de los shows del 24 de abril. Lejos de intimidarse, los otros tres enseguida se arrojaron a improvisar. Plant introdujo con maestría una versión libre del You Can´t Judge a Book By The Cover de Bo Diddley, y llegó a cambiar las letras por “I think we have some trouble with the monitors” (“creo que tenemos algún problema con los monitores”) lo que provocó la risa de la audiencia. Antes de que el bajista recuperase su monitor tuvo lugar un increíble duelo instrumental tipo ‘llamada-respuesta’ entre la guitarra de Page y los noqueantes tambores de Bonham que más tarde incorporarían al arreglo en vivo de Bring it on Home... En la primera gira estadounidense unos Zeppelin desconocidos habían actuado de teloneros y cobrado prácticamente nada, ahora, a sólo dos meses de ello hacían una nueva visita al país, pero como cabezas de cartel y por tarifas cuatro veces superiores... .. .. .. ..
Por Rodrigo Cura.
domingo, 20 de febrero de 2011
miércoles, 16 de febrero de 2011
quintO Paso dE febrerO
Escalerasblandas
http://www.flickr.com/photos/pupilasobesas/Debilitan la mente,
tocan el fondo y se declaran imperfectas
se detestan delirantes
se agotan inoportunas
ironizan ante su piel , blanda , incauta , crédula
revierten
invierten
giran
dirigen su viento y los escalones alteran su dureza /se ablandan
insisten en colores inexcusablemente saturados
se apartan
se traducen incompletas, pero siguen derritiendo el pigmento de sus rodillas intercaladas
se asientan
los vértices nuevamente rígidos comen su moho
ahora el aliento huele a flores
ya se destaparon sus arterias
la madera oscura espera
la blandura se hace arena y vuela a la orilla prófuga creyendo nuevamente en el polvo
pupilasObesas
lunes, 14 de febrero de 2011
domingo, 13 de febrero de 2011
sábado, 12 de febrero de 2011
viernes, 11 de febrero de 2011
cuartO pasO dE FebrerO: CHÉJOV... Poquita cosa
Antón Chéjov
(Ucrania, 1860 - Alemania, 1904)
Poquita cosa
(Ucrania, 1860 - Alemania, 1904)
Poquita cosa

—Siéntese, Yulia Vasilievna —le dije—. Arreglemos nuestras cuentas. A usted seguramente le hará falta dinero, pero es usted tan ceremoniosa que no lo pedirá por sí misma... Veamos... Nos habíamos puesto de acuerdo en treinta rublos por mes...
—En cuarenta...
—No. En treinta... Lo tengo apuntado. Siempre le he pagado a las institutrices treinta rublos... Veamos... Ha estado usted con nosotros dos meses...
—Dos meses y cinco días...
—Dos meses redondos. Lo tengo apuntado. Le corresponden por lo tanto sesenta rublos... Pero hay que descontarle nueve domingos... pues los domingos usted no le ha dado clase a Kolia, sólo ha paseado... más de tres días de fiesta...
A Yulia Vasilievna se le encendió el rostro y se puso a tironear el volante de su vestido, pero... ¡ni palabra!
—Tres días de fiesta... Por consiguiente descontamos doce rublos... Durante cuatro días Kolia estuvo enfermo y no tuvo clases... usted se las dio sólo a Varia... Hubo tres días que usted anduvo con dolor de muela y mi esposa le permitió descansar después de la comida... Doce y siete suman diecinueve. Al descontarlos queda un saldo de... hum... de cuarenta y un rublos... ¿no es cierto?
El ojo izquierdo de Yulia Vasilievna enrojeció y lo vi empañado de humedad. Su mentón se estremeció. Rompió a toser nerviosamente, se sonó la nariz, pero... ¡ni palabra!
—En víspera de Año Nuevo usted rompió una taza de té con platito. Descontamos dos rublos... Claro que la taza vale más... es una reliquia de la familia... pero ¡que Dios la perdone! ¡Hemos perdido tanto ya! Además, debido a su falta de atención, Kolia se subió a un árbol y se desgarró la chaquetita... Le descontamos diez... También por su descuido, la camarera le robó a Varia los botines... Usted es quien debe vigilarlo todo. Usted recibe sueldo... Así que le descontamos cinco más... El diez de enero usted tomó prestados diez rublos.
—No los tomé —musitó Yulia Vasilievna.
—¡Pero si lo tengo apuntado!
—Bueno, sea así, está bien.
—A cuarenta y uno le restamos veintisiete, nos queda un saldo de catorce...
Sus dos ojos se le llenaron de lágrimas...
Sobre la naricita larga, bonita, aparecieron gotas de sudor. ¡Pobre muchacha!
—Sólo una vez tomé —dijo con voz trémula— . Le pedí prestados a su esposa tres rublos... Nunca más lo hice...
—¿Qué me dice? ¡Y yo que no los tenía apuntados! A catorce le restamos tres y nos queda un saldo de once... ¡He aquí su dinero, querida! Tres... tres... uno y uno... ¡sírvase!
Y yo le tendí once rublos... Ella los cogió con dedos temblorosos y se los metió en el bolsillo.
—Merci —murmuró.
Yo pegué un salto y me eché a caminar por el cuarto. No podía contener mi indignación.
—¿Por qué merci? —le pregunté.
—Por el dinero.
—¡Pero si ya la he desplumado! ¡Demonios! ¡La he asaltado! ¡La he robado! ¿Por qué merci?
—En otros sitios ni siquiera me daban...
—¿No le daban? ¡Pues no es extraño! Yo he bromeado con usted... le he dado una cruel lección... ¡Le daré sus ochenta rublos enteritos! ¡Ahí están preparados en un sobre para usted! ¿Pero es que se puede ser tan apocada? ¿Por qué no protesta usted? ¿Por qué calla? ¿Es que se puede vivir en este mundo sin mostrar los dientes? ¿Es que se puede ser tan poquita cosa?
Ella sonrió débilmente y en su rostro leí: “¡Se puede!”
Le pedí disculpas por la cruel lección y le entregué, para su gran asombro, los ochenta rublos. Tímidamente balbuceó su merci y salió... La seguí con la mirada y pensé: ¡Qué fácil es en este mundo ser fuerte!
miércoles, 9 de febrero de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
3º PAso; MeDIEval TiMEs. PUro FONTAnarROSA.

En la sala de espera, Horacio, te juro, toda la gente, las casi mil personas, con la coronita puesta. A los yankis les decís que se pongan un sorete en la cabeza y se lo ponen. Tipos grandes, viejos, gordos pelados, viejas chotas de lo más elegantes, con la coronita puesta. Y entonces, vino lo máximo. Lo que ya me sacó definitivamente de mis casillas y me dió bien por el forro de las pelotas. La minita que nos había recibido en la puerta del castillo le habla a la venezolana y le indica una cosa, que después la venezolana me transmite. A nosotros nos había tocado la corona blanca y negra y entonces teníamos que hinchar por el caballero Blanco y Negro. ¡Pero mirá vos, si serán pelotudos estos yankis!. ¡Mirá si se cagarán en la libre determinación de los pueblos! ¡No solo te obligan a ponerte una coronita ridícula sino que, además, te indicaban para quien tenías que hinchar en la pelea a espadazos! ¡Es algo inconcebible! ¡Tenías coronita blanca y negra y tenías que alentar al caballero Blanco y Negro! Es como si acá vos, por ejemplo, vas a un cuadrangular de fútbol-sala y no sos hincha de ninguno de los cuatro equipos. Bueno, muy bien, a los cinco minutos de verlos jugar, si se te cantan las pelotas, ya podés elegir a alguno de los equipos. Porque te gusta cómo la pisan, porque juega un tipo que es amigo tuyo, por el color de la camiseta, porque van perdiendo y te resultan simpáticos o por lo que puta fuere, querido, por lo que puta fuere. Pero decidís vos, elegís vos, vos solito. Te juro que yo, a esa altura, ya tenía un veneno, pero un veneno, que no le daba ni cinco de bola a la venezolana que creo que se estaba dando cuenta de que esa noche no me cogía. Aunque te cuento que yo, hasta ese momento, tragaba y tragaba. No te digo que sonreía pero trataba de no agarrar para la mierda y empezar a putearlos a todos en voz alta. Para colmo aparece el payaso del rey ése, el barbudo, y anuncia que nos preparáramos para pasar al lugar del espectáculo. En inglés, por supuesto, pero la venezolana me iba traduciendo. Que primero iban a pasar los de corona verde, después los de corona roja, y así hasta pasar todos. Y yo pensaba "¿Pero qué es esto? ¿El colegio? ¿Porqué no nos hacen formar fila y agarrarnos de las manos también?" ¡Y los yankis lo más contentos! ¡Todos iban pasando de acuerdo al color de las coronitas, saltando, cagándose de risa! ¡Como corderos, mi viejo! ¡Después te vienen con la exaltación del individualismo y todos esos versos! ¡Con John Wayne saludando solo desde el horizonte o Bruce Willis haciendo la suya a pesar de que el jefe de policía le ordena lo contrario! ¡Te juro que Bruce Willis va a Medieval Times y se pone la coronita colorada y grita para el caballero Colorado como cualquiera de esos otros pelotudos! ¡Si así los han llevado a Vietnam, a Corea, a la Segunda Guerra, querido! ¡Como corderos! Les dicen te damos una gorra y una escopeta y ellos felices, dale que va... ¡Huy cómo estaba yo, mi viejo! Envenenado estaba, te juro, envenenado. Entramos --cuando nos toco el turno-- al salón del show, del espectáculo y donde presumiblemente teníamos que morfar. Mirá, es una especie de tinglado, largo, rectangular, enorme --no sé cuanto tendrá de largo-- como si te dijera una cuadra por cuarenta metros de ancho. A lo largo, a los dos costados, las tribunas para la gente, que está dividida por sectores. Acá los rojos, acá los verdes, acá los azules, cosa de que no se mezclen las parcialidades. Porque si llegan a hacer lo mismo en la Argentina, al primer vino que nos tomamos ya estamos todos cagándonos a trompadas. Y son como graderías, donde vos estás sentado en una tribuna y adelante tenés una especie de mostradorcito, también todo a lo largo, como un pupitre continuo te diría, adonde te podes apoyar y adonde además te ponen las cosas para comer. Y todo bastante apretadito, pegado al lado tuyo nomás tenes la otra persona, el ñato que sigue. En una de las cabeceras, alto, hay una especie de palco, que es donde va el tipo disfrazado de rey, el barbudo que, además, es el que dirige la batuta y no para de hablar en toda la noche. Y por la otra cabecera entran los caballeros. Entre tribuna y tribuna, por supuesto, el piso, la pista, no sé cómo decirle, para los caballos. Que tiene una especie de arena, como en los circos. Y las luces, las banderas, esas trompetas que anuncian cuando llega el rey, o la reina. O cuando salen los tipos que se van a cagar a lanzazos, todo eso. Yo me dije "Bueno Carlitos, pará la mano, relajate y disfrutá. Tratá de pasarla lo mejor posible y bajate de la moto." Porque por ahí, en una de esas, hasta me garchaba a la venezolana y todo. Ya se habia puesto medio cariñosona ¿viste? y se aprovechaba que había que estar bastante apretaditos para franelearme un poco. Me daba en la boca unos pedazos de apio, de pepino, no sé qué mierda era lo que nos habían puesto en unos platitos, como entrada fría. Todo medio rústico --porque se come con la mano ahí-- como en las películas, eso no te lo había contado. Una copa grisácea de plástico o no sé de qué carajo era, que pretendía ser de bronce. Un copón, como para el Principe Valiente. Aparte, un vaso de vidrio y el palito con los pepinos. Para mejor, en mi intento por aflojarme y ser feliz, cuando empiezan a servir --pasaba un flaco disfrazado de paje o cosa así-- me llenan un vaso de sangría. ¡Sangría, loco! ¡Como en Sportivo Constitución! Yo no se si estará de moda o en la Corte del Rey Arturo se tomaría, lo cierto es que nos llenan los vasos con sangría. Y ahí le empecé a dar parejo a la sangría. Meta sangría. Cada vez que me pasaba por delante el paje ése, yo lo cazaba de esa especie de bombachudito que ellos usan y le pedía otro vaso. Al final ya medio me miraba fulero pero me daba, me daba. Porque si hay algo envidiable en esos tipos es esa buena onda con que trabajan. Al parecer siempre contentos, siempre cagándose de risa. Yo pensaba "Claro... ¡cómo no van a progresar estos quías con semejante contracción para el laburo y semejante estado de ánimo! No son como los japoneses que laburan porque son enfermos del bocho y si paran de laburar se agarran una depre terrible y se tiran debajo de un Tren Bala. A estos les gusta". Hasta que la venezolana me lo aclaró. Los pibes laburan por la propina. Por eso tienen tan buena onda, o fingen tener tan buena onda. Y allá el patron te quiere rajar y te dice te tomas el piro y minga de preaviso de despido, o de indemnización o cualquiera de esas cosas. Te pegan una patada en medio del orto y anda a reclamarle una mensualidad al Seguro de Desempleo. Para colmo, te cuento, para colmo, al poco rato de dejar las sangrías pasa de nuevo el rubio, esta vez con cerveza, y me la sirve en una jarrita grande, también símil peltre o cosa así. Y ya mezclé la bebida, ya mezclé la bebida. Yo, que sé que me hace mal. Porque si yo largo con champú, puedo seguirla con champú toda la noche que vos ni lo notás. Pero si por ahí lo mezclo con algún whisky o algún gin-tonic, ahí viene la cagada, eso me ha pasado.
Y te cuento que estos ñatos no te servían sangría y además cerveza de generosos nomás. ¡Te lo sirven así porque no saben chupar, hermano! Ellos mezclan, mezclan cualquier cosa ¿O acaso no toman cerveza con tequila? ¡Toman cerveza con tequila! A mí me contaron que hacen así. Y creen que tomando vino son mas refinados. Vos viste que en las películas los que aparecen tomando vino son los intelectuales y resulta que tienen unos vinos de mierda que no se pueden probar. Se la pasan hablando de los vinos californianos y me decía Pancho que te tomás un vaso de vino y andás con cagadera como cuatro días con ese vino. La cosa es que te cuento que la cerveza y la sangría me cayeron para la mierda y no me relajaron un sorete. Para colmo de arranque los tipos largan con una sopa. De arranque ¿viste? ¡Una sopa, podés creer? Mirame a mí, muchacho grande, tomando una sopa en la Corte del Rey Arturo. Se la ofrecí a la venezolana que, te aseguro, chupaba y morfaba lo que le ponía adelante. Han sido países muy hambreados ¿viste? Y aunque se notaba que la venezolana andaba bien de guita también era claro que la gente de esas nacionalidades sojuzgadas cuando les dan de comer, aprovechan, no tiran nada, porque no saben si el día de mañana van a tener para lastrar. Aunque la venezolana ya estaba en otra. Habían entrado los caballeros, digamos, había empezado el espectáculo y la gente se habí¡a vuelto completamente loca. ¡Pero completamente loca, te juro Horacio! A los que les habían dicho que gritaran para el Caballero Verde, gritaban para el Caballero Verde. A los que les habían dicho que gritaran para el Caballero Rojo, gritaban para el Caballero Rojo. ¡Y todo así! ¡Como corderos, hermano! ¡Te llevaban como ciego estos imperialistas guachos! Y la venezolana estaba como desorbitada. Gritaba y aplaudía al Caballero Blanco y Negro que se había parado delante nuestro a saludar a su hinchada, porque cada uno se paraba delante de su hinchada para saludarla. Me acuerdo que yo le digo --yo estaba muy mal, te juro-- le digo: "Pero vos sos una reventada hija de mil putas!". Decí que la mina no me escuchó con el griterío y todo eso, no me escuchó. Pero entonces yo decidí gritar por el Amarillo. A la mierda. De contrera, nomás.

Decí que en eso trajeron pollo para comer y yo me puse a comer pollo. Pero la joda es que no te traían un pedazo de pollo, un cuarto de pollo, no era que el paje ése, el rubio de bombachudo, te preguntaba "¿La pata o la pechuga?" No. El rubio venía con una bandeja así de grande y le iba dejando un pollo a cada uno. Un pollito no muy grande, así sería, enterito, al horno y con una salsa de esas que ellos le ponen a todo, medio dulzona. Porque te aseguro que ellos se creen que comen muy bien y no saben comer un carajo. A todo le meten el ketchup y esas porquerías. La savora, la salsa de tomate. Y con la mano, mi viejo, como los reyes. Yo le entré a dar al pollo por dos razones. Primero, que estaba buenísimo, hay que reconocerlo; y segundo, que me dí cuenta que tenía que comer algo porque había venido chupando groso y con el estomago vacío. Y eso es mortal. Me había levantado una curda en cinco minutos porque no había comido nada hasta ese momento. Y esa es otra maniobra de estos yankis hijos de puta. Te ponen en pedo para quebrarte la voluntad. Uno, borracho, hace lo que el otro quiere. Y estos yankis lo aprendieron de los españoles, esos otros hijos de puta. ¿O no lo aprendieron de los españoles? ¿O los españoles no los cagaron a los indios con el alcohol? Los cagaron con el alcohol mi querido. ¿O acaso la península de Florida no estuvo llena de españoles? Y te garanto que, conmigo, lo consiguieron. Porque yo me comí el pollo, que estaba buenísimo, y también un par de costillitas de cerdo que tambien te traían, y una papa al horno, y no se me pasó la mamúa. Te aseguro que hay partes que no te cuento porque no me acuerdo un carajo. Es toda una nebulosa que no me acuerdo y eso fue uno de los argumentos --después te voy a completar bien el asunto-- de donde se agarró la abogada, aunque eso es algo que te voy a ir ampliando al final. Lo que sí te juro es que quedé con grasa hasta las pelotas con ese fato de comer con la mano. Porque además, ya habían empezado las peleas eliminatorias entre los caballeros. Te explico: primero los tipos éstos hacen una especie de ejercitación de destreza, digamos. Sacan con la lanza una argolla parecida a la sortija, clavan unas lanzas mas cortitas en unos blancos de paja. En fin... te diría que esta es la parte más honesta de la cosa porque ahí no hay arreglo, ahí es simplemente una demostración de habilidad ecuestre. Pero en las peleas es un completo circo, un arreglo donde deben decir "Bueno, hoy ganás vos y mañana gana este otro". Así de simple, como en "Titanes en el Ring". Cosa de que no gane siempre el mismo y el tipo se sienta Gardel y ya pretenda el día de mañana irse a las olimpíadas de las Justas Medievales. O se les descuelgue a los tipos con que quiere más guita porque él es el Rey de la Milonga. La cosa es que habían empezado a eliminarse entre ellos y la gente deliraba. Hacían duelos de uno contra uno, de aquellos de Ivanhoe. Con las lanzas largas, uno a cada lado de una especie de valla bajita, se venían y se pegaban en los escudos. El que caía quedaba eliminado. ¡Y el mío venía prendido, che! Y yo que había seguido con la sangría, estaba cada vez más dado vuelta, te reconozco. Me limpiaba las manos con grasa en la espalda de la venezolana, por ejemplo. No por hijo de puta. De los nervios, nomás. ¿Viste cuando vos ves que estás perdiendo el control, que hay algo que te sube y te sube desde el estómago por la garganta y no lo podés contener? Para colmo las brasileñas me gritaban de todo porque el Blanco y Negro también venía clasificándose para la final. ¡Cómo estaría yo de acelerado, de desorbitado, fuera de mí mismo, que el Caballero Amarillo cuando ganó la penúltima pelea, primero saludó a su público y después se vino enfrente mío y me saludó con una inclinación de la lanza! Hasta el Rey, el pelotudo ese que no paraba de hablar, me miró desde su palco como cabrero. ¡Y para qué te cuento que la final fué entre el Caballero Amarillo y el Blanco y Negro! Ahí me volví loco. Me paré en mi asiento, me dí vuelta hacia las brasucas, saqué guita que tenía en el bolsillo y la estrellé contra el respaldo de nuestra fila. "¡Hay guita a mano del Amarillo!" grité "¡Hay guita a mano del Amarillo, la concha de su madre!". Y arrugaron, las brasileñas arrugaron --vos bien sabés que los brasucas arrugan de visitantes-- pero empezaron a cantar no sé qué cosa. Me miraban y me señalaban, se reían las pendejas, muy ladillas, saltaban en sus asientos. Empezó el duelo final y yo, te lo digo con una mano en el corazón, estaba más nervioso que con Central. Para colmo, tenía la intuición de que al Caballero Amarillo no le tocaba ganar esa noche, pero que se había agrandado fundamentalmente por el apoyo mío. Había encontrado un pelotudo que lo alentaba contra viento y marea, metido entre medio de la hinchada de los contrarios, pateándole el tablero a todos esos yankis mariconazos y había dicho "Yo a este tipo no puedo fallarle". El morocho se había envalentonado, cansado de que lo basurearan los otros por ser hispanoparlante y había dicho "Esta noche gano yo y se van todos a la puta madre que los reparió" ¡Y se vienen, che, y el Amarillo lo sienta al otro de culo de un lanzazo! ¡A la mierda con el rubiecito trolo, el Blanco y Negro! No sé, no me acuerdo muy bien qué fue lo que hice. Me paré en el asiento, creo que le grité algo al rey y me agarraba de las bolas, le hice así con los dedos como que me los cogía a todos. Despues me dí vuelta hacia las brasileñas y también me agarraba los huevos y se los mostraba. Ni sé donde carajo había ido a parar la venezolana, por ejemplo. Creo que le pegué un empujón cuando el Blanco y Negro rodó por el piso y la tiré como cuatro escalones más abajo. Estaba loco, loco. Tan loco estaba puteándolas a las brasuquitas que no me dí cuenta de que el Blanco y Negro se había parado, había sacado su espada y se le venía al humo al Amarillo. ¡La pelea no había terminado! Me apiolé recién cuando ví que las brasuquitas ya no me puteaban sino que saltaban y alentaban de nuevo mirando la pista de las peleas. Y el Blanco y Negro lo cagó al Amarillo. Simularon pelearse a espadas y con esas bolas de pinchos --porque fue una simulación asquerosa-- y el negro puto ese del mejicano se tiró al piso como quien se tira a la pileta, se dejó ganar el hijo de puta. La dignidad azteca en la que yo había confiado no le alcanzó para tanto. Habrá pensado, el piojoso, que era mejor asegurarse un plato de frijoles que ganar esa noche para darle el gusto a un argentino totalmente en pedo. Entonces el Caballero Blanco y Negro se vino hacia nosotros, hacia nuestro sector, caminando nomás, y saludó con la espada hacia su tribuna, especialmente hacia el grupito de brasileñas que chillaban histéricas. Ahí fue donde yo cacé el vaso, yo cacé el vaso de vidrio, el alto, el de la sangría Horacio, yo cacé el vaso y, mirá --el Caballero Blanco y Negro estaría como de acá a allá-- y le zumbé con el vaso. Acá se lo puse, exactamente acá, en medio de la trucha, en el entrecejo. Cayó redondo el hijo de puta. No dijo ni "Ay". Le salía sangre hasta de las orejas. Acá se la puse. Lo que vino después, bueno, vos te lo imaginarás. Vos sabés como son estos yankis con la cuestión de los juicios. Hay una industria del juicio allá. Vos venís a mi casa a comer una noche, te atragantás con una miga de pan y me metés un juicio, así nomás, derecho viejo. No sabés el tiempo que estuve detenido. Después pude salir por eso que te decía de la abogada que adujo "Descontrol psíquico bajo estado de emoción violenta". Pero la cosa continúa, Horacio. A través de la Embajada. Si tengo que ponerme, son arriba de 27.000 dolares, hermano, no es moco de pavo, ¿me entendés? Por eso te digo que me aguantes un poco, yo no tengo ninguna intención de cagarte, eso de más está decirlo. Vos sabés bien cómo son los norteamericanos. Y esta es otra de las formas que los tipos tienen para sacarle la guita a los tercermundistas. Especialmente a todos aquellos que se oponen al sistema. Por eso te digo, aguantame un cacho hasta que salga la sentencia. Aguantame un cacho, Horacio, que yo creo que todo se va a solucionar.
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